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BASTARDOS SIN GLORIA
Por : Italo Corvetto Schenone (www.cinespacio.pe)
Octubre 29/2009
Las primerísimas imágenes de Bastardos sin Gloria tienen el tratamiento propio del western. Es cierto que estamos frente a una casita en medio de la campiña francesa, pero a Tarantino no le importa la imprecisión geográfica. Lo de él es la aplicación del lenguaje cinematográfico necesario para transmitir la idea deseada. En el cine de este autor lo que prima es el cine, lo demás es accesorio, instrumental. Y es que de la misma manera que las imprecisiones geográficas son irrelevantes para Tarantino, la fidelidad histórica también lo es. Y vaya que si esta película lo demuestra. La cinta enseña dimensiones que se pueden alcanzar con una ficción bien concebida, cuando se tiene una verdadera conciencia de esta. Bastardos sin Gloria es, pues, un delirio de su director, que toma elementos cinematográficos e históricos para satisfacer sus pretensiones. Sería equivocado, entonces, esperar algo cercanamente fiel a lo que dicen los libros de historia.
No es nuevo afirmar que Tarantino es un director referencial. Pero aquí los guiños cinéfilos cobran un sentido mucho más trascendental que en otras de sus obras. Representan el fondo real de la película. Las continuas menciones al realizador G.W. Pabst nos recuerdan al expresionismo alemán, corriente que vio a sus principales exponentes refugiados en otros países durante el régimen de Hit ler. Entre las películas de dicho movimiento tenemos a El Golem, de Paul Wegener, de claras referencias judías, ya que estaba basada en un mito judío. En una escena de Bastardos sin Gloria, el teniente inglés Archie Hicox (quién además es crítico de cine) le expone al mismo Winston Churchill que Goebbels busca, por medio de su producción de películas, competir contra lo que él llama “el cine intelectual judío”. Y así Tarantino, junto con las venganzas de los Bastardos y Shosanna, nos propone la venganza del antiguo cine alemán. De esta manera se entiende que, finalmente, los nazis reciban su merecido en un cine y luego de la proyección de una judía (Shosanna, quien te rmina volviéndose el vehículo de la venganza cinematográfica).
En su artículo, del pasado sábado en la revista Somos, Sebastián Pimentel afirma que una debilidad de Bastardos sin Gloria es no explicarnos las razones para la venganza que llevan a cabo los Bastardos. Pues la razón me parece evidente, que son judíos y los otros son nazis. Eso le basta a Tarantino, pues le es más importante su alegoría cinéfila. La cinta es un capricho suyo y resulta muy bien. El espíritu de esta, creo que se ve reflejada en la escena donde el Coronel Hans Landa (villano de antología, genialmente interpretado por Christoph Waltz) saca su pipa, la cual es de una extravagancia singular. |
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